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"Destellos y mala conciencia" sobre A la sombra de los destellos de Mario Amengual, por Alberto Amengual

A la sombra de los destellos Portada - copia

“Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas

cambian como en sueño y sobre el cual me inclinaré después

de haber muerto”.

 (Jorge Luis Borges,  El Otro el mismo).

Veo el tablero y las piezas colocadas frente a mí: es un libro de poesía titulado A la sombra de los destellos, recientemente publicado por mi hermano Mario (Maracaibo, Colección Puerto de Escala, 2015) y yo, que he seguido su trayectoria literaria desde el comienzo, siento la urgente necesidad de escribir unas palabras, de reafirmar un acercamiento que, aunque signado por lazos de sangre, vaya más allá de un complaciente compromiso familiar. No es una concesión, es mi deber como hombre de letras que siente y padece la mala hora de este país, y que admira los caminos con corazón que este poeta transita desde hace casi un cuarto de siglo (La arboleda deslumbrante, 1991; El tiempo de las apariencias, 2000; El pozo de la historia/Los extranjeros, 2001; El pozo de la historia, 2007; El cantante asesinado, 2009; La fiesta de La Democracia, 2011; El abismo de los cocuyos, 2013).

Cuando hago un recorrido memorioso por esta obra que abarca la poesía, la prosa poética y la novela, viene de inmediato a mi memoria la última frase del discurso que pronunciara el poeta Saint John Perse al momento de recibir el Premio Nóbel: “Y ya es bastante para el poeta ser la mala conciencia de su tiempo”. ¡Con cuánta perseverancia y vehemencia sufrida Mario Amengual ha hecho suyas estas palabras! Con impredecible fortuna ha sido constante en sus designios, tiene conciencia plena de sus vivencias y asume los riesgos del compromiso:

Si otros han destrozado su alma por el lucro,

si no se reconoce otro mérito que la apariencia triunfadora

y las marcas que ratifican el poder,

ese pasto que necesita la opinión de los demás,

¿cómo pedirle a quien brega con las palabras y suele

acogerse al silencio, que sume ladrillos al brocal de las apariencias?

   (Consideraciones a contrapelo, El tiempo de las apariencias)

Contradicción aparente en estas palabras del poeta, porque Mario brega sin cesar con las palabras pero jamás se ha acogido al silencio, a lo cual podría responderme como el gran Walt Whitman: Me contradigo y qué, soy amplio y contengo muchedumbres.

Cuando se labra el lenguaje en el terreno de la poesía, no es dable esperar mucho de los frutos; por lo menos no hay un tiempo fijado para su recolección. Mario lo sabe y espera, aunque a veces sus textos dejen traslucir un furor que puede parecer impaciencia:

Pronuncian sus arrogancias

en tono de victorias bélicas,

confiados en que sus palabras emocionantes

ocultarán su vocación de verdugos.

Furor comprensible si nos atenemos a la oscura realidad que nos ha tocado vivir, pero no impaciencia porque el poeta sabe, lo ha vivido en carne propia,  que el poder de la palabra es inconmensurable y su poder transformador infinito. Aunque nos rodeen la mediocridad y una moral depauperada, el poder transmutador del lenguaje, y en especial el lenguaje poético, jamás perderá su vigencia porque en la cambiante historia de la humanidad siempre hay ciclos donde el espíritu, y con él el lenguaje, ocupan lugar de preeminencia y el individuo y la sociedad viven tiempos de esclarecimiento, lucidez y justicia. Podemos afirmar entonces, sin  temor a faltar a la verdad, que la vida poética de Mario ha transcurrido entre las sombras y una luz precaria y breve, entre “el abismo de los cocuyos” y “a la sombra de los destellos”. No puede ser de otra manera, en esa dualidad natural de la luz y la sombra oscilamos, y el poeta, hombre siempre vigilante, atento y observador, capta las señales de la verdadera realidad hasta en los hechos más pequeños y poco llamativos de la realidad ordinaria. Y mucho más en los tiempos que corren, tiempo de sombras casi permanentes en el cual la luz se filtra a través de unos pocos individuos, esos que como Mario se han propuesto ser la mala conciencia de su tiempo, a pesar de los nefastos augurios que se ciernen en nuestro horizonte vital:

Esta otra mañana de infames noticias,

 tráfago mercantil y discursos patrioteros,

 la exalta una niña

 que, tomada de la mano de su abuela

 y a cuyas rodillas apenas llega,

 lleva en su otra mano

 una flor de cayena como una ofrenda.

Por eso no hay que desesperar del presente, porque el poeta está allí observando y de pronto, con el poder de su lenguaje, transforma una realidad deleznable en un destello que anula las sombras: lo que realmente vale la pena ver es a una niña con una flor de cayena en la mano como una ofrenda.

Dice Jacob Burckhardt en  sus Reflexiones sobre la Historia Universal (1905): “El individuo contemporáneo suele sentirse totalmente impotente ante tales poderes históricos; por regla general se pone al servicio de la fuerza atacante o de la fuerza que opone resistencia. Son pocos los individuos de la época que logran encontrar el punto de Arquímedes al margen de los acontecimientos y consiguen “superar espiritualmente” las cosas que les rodean (…) Tal vez esos pocos individuos no sean capaces de sustraerse a un cierto sentimiento elegíaco ante la necesidad de dejar que otros sirvan mientras ellos se abstienen. Tiene que pasar algún tiempo para que el espíritu pueda planear con absoluta libertad por sobre tales acontecimientos”. La cita viene al caso porque un poeta como Mario no se abstiene, lucha con la palabra, la moldea según sus necesidades vitales y nos va llevando por su camino con corazón a lugares sin tiempo, a encuentros y desencuentros con la realidad ordinaria, a valores como la amistad y la solidaridad; en fin, nos va llevando a esa realidad donde Yo es Otro y “si el cobre resulta clarín no será suya la culpa” (Rimbaud). De allí que, según sus palabras:

Tanta gente hundida

en los agobiantes problemas domésticos

o del trabajo

(o caídos en el abismo asfixiante del desempleo),

no ve

(¿cómo puede ver?)

el círculo del cielo que nos ensalza.

Fiel al texto de Burckhardt, asumo que el espíritu de Mario, en A la sombra de los destellos, planea con absoluta libertad sobre nuestra menoscabada realidad actual.

Por momentos, pareciera que el poeta se torna pesimista, aunque quizá esté hablando de otros:

Aún no es tiempo

para la palabra inconforme:

le sobran espinas y le falta delicadeza.

No coincide con el canto de los gallos

y se ahoga en el ámbito de los pactos.

¿Se referirá acaso a tanta gente que ahora vive del pacto taimado y la promesa incumplida? ¿A gente cuya conducta no vale mencionar aquí? Si es así, el poeta hace lo correcto, los pactadores de oficio no tienen cabida en este ámbito y, fiel a sus principios, cumple con denunciarlos y de paso, los envía al título de uno de sus libros: El pozo de la historia.

Quisiera decir muchas otras cosas sobre este libro de mi hermano, pero prefiero que sean otros lectores quienes hagan tantos descubrimientos como los he hecho yo y que se atrevan, después de leerlo, a seguir sus “caminos con corazón” y se sumen al grupo de quienes quieran ser “la mala conciencia de su tiempo”.

Ya para finalizar debo decir que el último poema de A la sombra de los destellos está dedicado a mí y que, aunque las imágenes allí expresadas me conmovieron en lo más hondo, no lo voy a comentar. La razón es una sola: como producto de nuestro profundo amor fraternal es una historia que sólo a nosotros concierne. Si peco de egoísta sólo me queda esperar la dispensa y la comprensión del lector.

 Alberto Amengual

Mario Amengual resplandece “A la sombra de los destellos” su reciente poemario publicado por Ediciones del Movimiento

A la sombra de los destellos Portadilla

Se describe “como alguien inconforme que trata de decir algo al margen de las modas literarias, las élites culturales, los halagos y la mezquindad” y los poemas de “A la sombra de los destellos”, el reciente libro de la Colección Puerto de escala de Ediciones del Movimiento, son suma de sabiduría y estética, incisivos y reveladores poemas breves que conducen al lector a describir entre las tinieblas del sentido una realidad poética.

La presentación de su libro se llevará a cabo el próximo 24 de abril, en la librería Alejandría II del centro Comercial Paseo Las Mercedes, en la ciudad de Caracas; en cuyo evento compartirá con sus seguidores, quienes ya han disfruta de una triada poemarios  y cuatro novelas. Mario Amengual ha respondido a nuestro cuestionario para que sus lectores puedan conocer un poco más de su pensamiento literario:

  1. ¿Crees que tu escritura tiene alguna utilidad?

Aún no se la he encontrado, porque tal vez no tenga ninguna.

  1. ¿Qué razón te motiva a escribir?

El saber que lo que llamamos realidad es un grueso tejido de ilusiones y falsificaciones.

  1. ¿Qué sientes al ponerle punto final a una obra?

Que no sé si valió la pena escribirla.

  1. ¿Qué es lo más difícil de ser un escritor?

Bregar con las palabras.

  1. ¿Cómo descubriste que serías escritor?

No lo descubrí, más bien se me antojó.

  1. ¿Tienes alguna rutina a la hora de escribir?

Ninguna. Cuando me da por escribir sólo trato de ser disciplinado y no desfallecer.

  1. ¿Qué te inspira?

La desarmonía con la realidad cotidiana, la desazón y la alegría de vivir.

  1. ¿Cuáles son los escritores o libros que más te han influenciado para escribir?

Cervantes y Whitman, pero hay muchos otros.

  1. ¿Con cuál libro te iniciaste en el hábito lector?

Con El lobo estepario, aunque ya había leído otros libros.

  1. ¿Cuál es tu libro favorito y por qué?

Siempre será El Quijote, porque en sus páginas se conjugan sin ampulosidades la sabiduría y el humor.

  1. ¿Cómo ves el panorama literario en Venezuela hoy día?

Amplio, diverso y prometedor como nunca antes, a pesar de algunos grupúsculos y círculos literarios que tienen más de vanidad que de literatura.

  1. ¿Qué libro le recomendarías leer a Dios?

La Divina Comedia, para que disfrute los tercetos y la imaginación de Dante. Pero seguramente Dios ya lo leyó,  si no es su coautor.

  1. ¿Qué libro le recomendarías al presidente de la república?

No sé si valga la pena recomendarle algún libro al señor presidente, pero si me viera

obligado a hacerlo: La isla del tesoro.

  1. ¿Quién es el escritor contemporáneo de Venezuela que recomendarías leer?

Rafael Cadenas.

  1. ¿Qué libro no has podido terminar de leer?

Ulises de James Joyce.

  1. ¿Tienes algún mensaje para los jóvenes que se inician el camino de escritura?

Que no sucumban a los halagos ni a la fugaz fama de los premios.

  1. ¿Antes de morir, qué logro en literatura quisieras tener?

Que al menos intenté, para decirlo con palabras de Cervantes, que la pluma fuera lengua del alma.

  1. ¿Has tenido alguna experiencia erótica (excitación) con la lectura? ¿Qué libro?

Sí, con varias páginas de El cuarteto de Alejandría.

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Mario Amengual (Maracay, Venezuela. 1958)

Es licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.) y actualmente es profesor de los talleres de Literatura I y II en el núcleo de la UCV de Maracay, facultades de Agronomía y Ciencias Veterinarias.Ha sido articulista de opinión en Últimas Noticias, 2001 y El Siglo. Numerosos artículos, ensayos y poemas suyos han aparecido en las publicaciones digitales El Meollo, Letralia y Ala de Cuervo, entre otras, así como en la Revista Nacional de Cultura e Imagen, y en los suplementos literarios de diferentes diarios nacionales y regionales.Ha publicado los siguientes libros: La arboleda deslumbrante (Poemas. Alcaldía de Los Salias, San Antonio de los Altos, 1991); El tiempo de las apariencias (Poemas. Departamento de Cultura, UCV, Maracay, 2000); El pozo de la historia / Los extranjeros (Novela y poema en prosa. edición limitada del autor, Caracas, 2001); El pozo de la historia (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2007); El cantante asesinado (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2009); La fiesta de La Democracia (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2011); El abismo de los cocuyos (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2013).

Harry Almela

Harry Almela
(Caracas, Venezuela. 1953)

Harry Almela

Poeta, narrador, ensayista, promotor cultural. Licenciado en Educación, mención literatura, de la Universidad de Carabobo. Realizó cursos de postgrado sobre Literatura Latinoamericana Contemporánea en la Universidad Simón Bolívar (Caracas), sobre Lengua y Literatura Española (Madrid) y en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona (España). En el año 1983 funda la Coordinación de Literatura de la Secretaría Sectorial de Cultura del Estado Aragua y estuvo al frente de la misma durante el periodo 1983-1991. Actualmente es el Secretario Ejecutivo de la editorial La Liebre Libre, donde realiza una fructífera labor en materia de edición y publicaciones. Su obra literaria ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos, el Premio Bienal de Poesí­a “Francisco Lazo Martí­” (1989), Premio Bienal de Literatura del Ateneo de El Tigre y diario “Antorcha” (narrativa, 1990), Premio 46º Concurso de Cuentos del diario “El Nacional” (Caracas, 1991), Premio Bienal de Literatura “José Rafael Pocaterra” (poesí­a, 1994), Premio Bienal de Literatura “Miguel Ramón Utrera” (ensayo, 1995), Mención de Honor en la Bienal Internacional de Literatura “José Rafael Pocaterra” (poesí­a,1998), Premio Bienal de Guayana (ensayo, 1999), Bienal de Poesía Abraham Salloum Bitar (2014).

Obra poética: Poemas (1983); Cantigas (1990); Muro en lo blanco (1991); Fértil miseria (1992); Frágil en el alba (1993); Una casa entre los ojos (ensayo, 1994); El terco amor (1996); Como si fuera una espiga (narrativa, 1998); Los trabajos y las noches (1998); Palabra o indigencia (2000).


Selección de poemas
*
CARTA DE INTENCIÓN:
“No me salves de nada, poesía.
Abandóname desnudo a la intemperie.
No me concedas claridad. No me interrogues.
Voy sobre la cuerda inestalble de mi equilibrio
y estoy al tanto de lo que me espera.
Niégame página en blanco donde puedan retozar
los tibios conejos de mi infancia.
No me aturdas cuando llegue la noche.
Quiero vivir en paz en esta selva húmeda
sin claros ni caminos.
No me consueles cuando vengo de regreso,
ocúltame palabras para decir hastío.
Permíteme vivir mi carne como si fuera mía
y déjame ser el ángel caído de mi cielo.
Sé de los lugares donde enseñas
a pisar las uvas de la ausencia.
Conozco la sílaba informe de mi tiempo.
Concédeme ser la sed en mi diluvio.”
*
Pertenencia
Hojeo un atlas
para descubrir
la forma de Birmania.
Más tarde
salen a mi encuentro
esas líneas que tanto
nos inquietan: la palabra
no es el sitio del resplandor
En la montaña frente a mi pueblo
a esta hora
la noche también existe
y un pájaro celaje la contempla.
El sueño me seduce
mirándote en las fotografías.
Acaricio formas de la ausencia,
esa otra manera tuya de poseerme.
*
Te amo
sólo por ventana.
Estoy asomado esta tarde
a un olor que ya no existe.
Tu patio sin mí
es sólo tierra
una sed transeúnte
un anillo sin dedo.
¿Qué puede una ventana
sin una infancia que la mire?