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Book Tráiler de "Ciudad blanca sobre fondo blanco" de Ricardo Montiel

 

Con el poeta maracaibeño Ricardo Montiel, residenciado en Buenos Aires, hemos preparado dos book tráilers para la promoción de su poemario “Ciudad blanca soibre fondo blanco”, editado por Ediciones del Movimiento, en su Colección Puerto de Escala.

"A la sombra de los destellos" de Mario Amengual. Lectura en línea.

Mario Amengual (Maracay, Venezuela. 1958)

Es licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.) y actualmente es profesor de los talleres de Literatura I y II en el núcleo de la UCV de Maracay, facultades de Agronomía y Ciencias Veterinarias. Ha sido articulista de opinión en Últimas Noticias, 2001 y El Siglo. Numerosos artículos, ensayos y poemas suyos han aparecido en las publicaciones digitales El Meollo, Letralia y Ala de Cuervo, entre otras, así como en la Revista Nacional de Cultura e Imagen, y en los suplementos literarios de diferentes diarios nacionales y regionales. Ha publicado los siguientes libros: La arboleda deslumbrante (Poemas. Alcaldía de Los Salias, San Antonio de los Altos, 1991); El tiempo de las apariencias (Poemas. Departamento de Cultura, UCV, Maracay, 2000); El pozo de la historia / Los extranjeros (Novela y poema en prosa. edición limitada del autor, Caracas, 2001); El pozo de la historia (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2007); El cantante asesinado (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2009); La fiesta de La Democracia (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2011); El abismo de los cocuyos (Novela. Bidandco Editor, Caracas, 2013).

A la sombra de los destellos Portadilla

También puedes leer la reseña escrita por Alberto Amengual sobre A la Sombra de los Destellos o las Palabras de Presentación del poeta Luis Alejandro Contreras

Ricardo Montiel, en la misma ciudad, pero en la distancia. "Ciudad blanca sobre fondo blanco", su primer poemario.

El poeta maracaibeño, residenciado en Buenos Aires, se describe como un escritor “paciente pero insistente en la búsqueda por la unidad, es decir, por la imagen imposible que reúna los reversos simultáneos de la vida”.

Ciudad blanco sobre fondo blanco - Portada 02

El joven arquitecto Ricardo Montiel, comienza su carrera literaria, con un libro que, a juicio del comité de lectores de Ediciones del Movimiento, será del mismo tenor que Puerto de Escala, el primer poemario de Hesnor Rivera. Y aunque parezca sorprendente esta afirmación, la poética de Ricardo Montiel, posee una óptica renovadora para la ciudad de Maracaibo, a pesar de la distancia, y el autoexilio, que al que se ha sometido el autor.

Ciudad blanca sobre fondo blanco, es un poemario de alta factura, verso cuidado, sentido de exactitud; y un potencial hallazgo del sentir de ciudad, de la urbanidad exclusiva de Maracaibo y el trópico. La solaridad, el calor, cierto dejo de nostalgia, y el cuerpo definido de una voz poética, hacen del primer libro de Ricardo Montiel un escenario prometedor para la literatura zualiana y venezolana; con un atenuante: pertenece a la generación de escritores de la diáspora, según la categoría generada por la crítico Violeta Rojo.

La presentación de su libro tendrá lugar el jueves 18 de junio de 2015, en el marco de la II Semana Zuliana de la Narrativa, en el Museo Municipal de Artes gráficas “Luis Chacón”. Ricardo Montiel, respondió a nuestro cuestionario para dar a conocer parte de su pensamiento literario:

Ciudad blanco sobre fondo blanco - Portada con Solapas

  1. ¿Crees que tu escritura tiene alguna utilidad?

La tiene para mí. La tendrá para el lector que le encuentre algo movilizante, algo que por instantes acompañe sus pensamientos. La utilidad se suele asociar con el pragmatismo, con lo concreto, con lo justificable. Pero ¿Acaso no es útil el amor, aún siendo injustificable?

  1. ¿Qué razón te motiva a escribir?

La posibilidad de ser otro y que ese otro se adelante en mis atrasos.

  1. ¿Qué sientes al ponerle punto final a una obra?

Me inclino hacia la idea de que una obra se va construyendo en el tiempo. Intuyo que es mejor así… inasible, postergable… Te mantiene alerta, siempre en marcha, cargando con las mismas interrogantes y defectos, pero en marcha.

  1. ¿Qué es lo más difícil de ser un escritor?

Recuerdo un verso de Rubén Darío: “por un vasto dolor y cuidados pequeños”. Lo difícil (y lo terrible) son los cuidados pequeños.

  1. ¿Cómo descubriste que serías escritor?

Descubrí que quería escribir, y ahora que lo hago el deseo persiste como si jamás hubiera comenzado. De vez en cuando me pregunto: ¿Cuándo verdaderamente se es “escritor”? ¿Desde el momento que se piensa y prefigura una obra? ¿Desde el momento que se escribe y se publica? ¿O después de abandonar abruptamente el ingenio literario para ir a parar al este de África?

  1. ¿Tienes alguna rutina a la hora de escribir?

Imagino. Escribo en libretas. Facturas. Servilletas. En horario de oficia. En el bus. En un bautizo… Luego me encierro por unas horas, y en reiteradas ocasiones lo que escribo nada tiene que ver con lo anterior, o sea, si bien es un ejercicio que considero necesario (aunque no lo controlo, es impulsivo) la transferencia no es directa, lo que hay, lo que se está fraguando, muta en organismos que no siempre sobreviven.

  1. ¿Qué te inspira?

Precisamente, porque nada me inspira…

  1. ¿Cuáles son los escritores o libros que más te han influencia para escribir?

Recientemente, Albert Camus, Octavio Paz, y Mario Santiago Papasquiaro.

De Papasquiaro (cofundador del Infrarrealismo mexicano junto a R. Bolaño) recomiendo Jeta de Santo y Aullido de Cisne, dos antologías que a García Lorca seguro le bajaba las medias.

  1. ¿Con cuál libro te iniciaste en el hábito lector?

El relato de un naufrago, de Gabriel García Márquez.

  1. ¿Cuál es tu libro favorito y por qué?

Tiendo más a favorecer  la biografía del artista que a su obra. Pensándolo bien, no lo llamaría favoritismo. Creo que es admiración profunda por el atrevimiento, por el riesgo, por el empeño, por la indiferencia ante la muerte.

  1. ¿Cómo ves el panorama literario en Venezuela hoy día?

Los derivados de la política son imanes colosales irrompibles. Pero veo un panorama estimulante.

  1. ¿Qué libro le recomendarías leer a Dios?

El diario de Adán y Eva, de Mark Twain.

  1. ¿Qué libro le recomendarías al presidente de la república?

En lugar de leer, le animaría a escribir una novela con título prestado, por ejemplo: En busca del tiempo perdido.

  1. ¿Quién es el escritor contemporáneo de Venezuela que recomendarías leer?

Al caraqueño Gustavo Valle.

  1. ¿Qué libro no has podido terminar de leer?

El Ulises de Joyce.

  1. ¿Tienes algún mensaje para los jóvenes que se inician el camino de escritura?

Fabriquen la espada y luego salgan a batallar. No a la inversa.

  1. ¿Antes de morir, qué logro en literatura quisieras tener?

Dejar el libro concluso.

  1. ¿Has tenido alguna experiencia erótica (excitación) con la lectura? ¿Qué libro?

Una vez, hace mucho, una muchacha me dio a leer maravillada una página de El libro de Manuel, de Cortázar. Recuerdo vagamente la imagen. Había una carpa (me viene azul), un tanteo de cuerpos, una erección a la intemperie… Confiado de que  aquel préstamo evidenciaba una inédita señal de seducción, tomé una hoja, y con palabras y frases sueltas de la susodicha página, armé una dedicatoria collage incoherótica que introduje en el libro ya cerrado. Días (u horas) después, cuando me propuse devolvérselo, la encontré mirando la televisión bajo el brazo peludo de un ex jugador de Rugby. Esperé varias semanas, hasta que un día le vi bajar las escaleras arrastrando una maleta. Nos despedimos como si nada. El libro lo metió como pudo en su mochila diminuta. Típica suerte de los objetos recordados a última hora. Y ya no supe más de ella.

  1. ¿Qué opinión te merece el Movimiento Poético de Maracaibo?

Fundar un movimiento literario en pleno siglo veintiuno es de valientes. Fundarlo en Venezuela, es epopéyico. Ojalá perdure y crezca. Por los siglos de los siglos.

 RICARDO MONTIEL_Foto

Ricardo Montiel (Maracaibo, Venezuela. 1982)
Poeta y escritor. Reside en Buenos Aires, Argentina, donde ha realizado cursos y talleres literarios. Es licenciado en Arquitectura por la Universidad del Zulia. Trabajó en el libro Eugene Plumacher, Memorias: Consul de USA en Maracaibo entre 1878 – 1910 (Ciudad Solar Editories y Acervo Histórico del Estado Zulia, 2003). Colaboró para medios impresos y digitales de Costa Rica, Venezuela y Argentina. Ciudad blanca sobre fondo blanco es su primer libro. Mantiene activamente su blog: www.paisessinnombre.wordpress.com

"Destellos y mala conciencia" sobre A la sombra de los destellos de Mario Amengual, por Alberto Amengual

A la sombra de los destellos Portada - copia

“Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas

cambian como en sueño y sobre el cual me inclinaré después

de haber muerto”.

 (Jorge Luis Borges,  El Otro el mismo).

Veo el tablero y las piezas colocadas frente a mí: es un libro de poesía titulado A la sombra de los destellos, recientemente publicado por mi hermano Mario (Maracaibo, Colección Puerto de Escala, 2015) y yo, que he seguido su trayectoria literaria desde el comienzo, siento la urgente necesidad de escribir unas palabras, de reafirmar un acercamiento que, aunque signado por lazos de sangre, vaya más allá de un complaciente compromiso familiar. No es una concesión, es mi deber como hombre de letras que siente y padece la mala hora de este país, y que admira los caminos con corazón que este poeta transita desde hace casi un cuarto de siglo (La arboleda deslumbrante, 1991; El tiempo de las apariencias, 2000; El pozo de la historia/Los extranjeros, 2001; El pozo de la historia, 2007; El cantante asesinado, 2009; La fiesta de La Democracia, 2011; El abismo de los cocuyos, 2013).

Cuando hago un recorrido memorioso por esta obra que abarca la poesía, la prosa poética y la novela, viene de inmediato a mi memoria la última frase del discurso que pronunciara el poeta Saint John Perse al momento de recibir el Premio Nóbel: “Y ya es bastante para el poeta ser la mala conciencia de su tiempo”. ¡Con cuánta perseverancia y vehemencia sufrida Mario Amengual ha hecho suyas estas palabras! Con impredecible fortuna ha sido constante en sus designios, tiene conciencia plena de sus vivencias y asume los riesgos del compromiso:

Si otros han destrozado su alma por el lucro,

si no se reconoce otro mérito que la apariencia triunfadora

y las marcas que ratifican el poder,

ese pasto que necesita la opinión de los demás,

¿cómo pedirle a quien brega con las palabras y suele

acogerse al silencio, que sume ladrillos al brocal de las apariencias?

   (Consideraciones a contrapelo, El tiempo de las apariencias)

Contradicción aparente en estas palabras del poeta, porque Mario brega sin cesar con las palabras pero jamás se ha acogido al silencio, a lo cual podría responderme como el gran Walt Whitman: Me contradigo y qué, soy amplio y contengo muchedumbres.

Cuando se labra el lenguaje en el terreno de la poesía, no es dable esperar mucho de los frutos; por lo menos no hay un tiempo fijado para su recolección. Mario lo sabe y espera, aunque a veces sus textos dejen traslucir un furor que puede parecer impaciencia:

Pronuncian sus arrogancias

en tono de victorias bélicas,

confiados en que sus palabras emocionantes

ocultarán su vocación de verdugos.

Furor comprensible si nos atenemos a la oscura realidad que nos ha tocado vivir, pero no impaciencia porque el poeta sabe, lo ha vivido en carne propia,  que el poder de la palabra es inconmensurable y su poder transformador infinito. Aunque nos rodeen la mediocridad y una moral depauperada, el poder transmutador del lenguaje, y en especial el lenguaje poético, jamás perderá su vigencia porque en la cambiante historia de la humanidad siempre hay ciclos donde el espíritu, y con él el lenguaje, ocupan lugar de preeminencia y el individuo y la sociedad viven tiempos de esclarecimiento, lucidez y justicia. Podemos afirmar entonces, sin  temor a faltar a la verdad, que la vida poética de Mario ha transcurrido entre las sombras y una luz precaria y breve, entre “el abismo de los cocuyos” y “a la sombra de los destellos”. No puede ser de otra manera, en esa dualidad natural de la luz y la sombra oscilamos, y el poeta, hombre siempre vigilante, atento y observador, capta las señales de la verdadera realidad hasta en los hechos más pequeños y poco llamativos de la realidad ordinaria. Y mucho más en los tiempos que corren, tiempo de sombras casi permanentes en el cual la luz se filtra a través de unos pocos individuos, esos que como Mario se han propuesto ser la mala conciencia de su tiempo, a pesar de los nefastos augurios que se ciernen en nuestro horizonte vital:

Esta otra mañana de infames noticias,

 tráfago mercantil y discursos patrioteros,

 la exalta una niña

 que, tomada de la mano de su abuela

 y a cuyas rodillas apenas llega,

 lleva en su otra mano

 una flor de cayena como una ofrenda.

Por eso no hay que desesperar del presente, porque el poeta está allí observando y de pronto, con el poder de su lenguaje, transforma una realidad deleznable en un destello que anula las sombras: lo que realmente vale la pena ver es a una niña con una flor de cayena en la mano como una ofrenda.

Dice Jacob Burckhardt en  sus Reflexiones sobre la Historia Universal (1905): “El individuo contemporáneo suele sentirse totalmente impotente ante tales poderes históricos; por regla general se pone al servicio de la fuerza atacante o de la fuerza que opone resistencia. Son pocos los individuos de la época que logran encontrar el punto de Arquímedes al margen de los acontecimientos y consiguen “superar espiritualmente” las cosas que les rodean (…) Tal vez esos pocos individuos no sean capaces de sustraerse a un cierto sentimiento elegíaco ante la necesidad de dejar que otros sirvan mientras ellos se abstienen. Tiene que pasar algún tiempo para que el espíritu pueda planear con absoluta libertad por sobre tales acontecimientos”. La cita viene al caso porque un poeta como Mario no se abstiene, lucha con la palabra, la moldea según sus necesidades vitales y nos va llevando por su camino con corazón a lugares sin tiempo, a encuentros y desencuentros con la realidad ordinaria, a valores como la amistad y la solidaridad; en fin, nos va llevando a esa realidad donde Yo es Otro y “si el cobre resulta clarín no será suya la culpa” (Rimbaud). De allí que, según sus palabras:

Tanta gente hundida

en los agobiantes problemas domésticos

o del trabajo

(o caídos en el abismo asfixiante del desempleo),

no ve

(¿cómo puede ver?)

el círculo del cielo que nos ensalza.

Fiel al texto de Burckhardt, asumo que el espíritu de Mario, en A la sombra de los destellos, planea con absoluta libertad sobre nuestra menoscabada realidad actual.

Por momentos, pareciera que el poeta se torna pesimista, aunque quizá esté hablando de otros:

Aún no es tiempo

para la palabra inconforme:

le sobran espinas y le falta delicadeza.

No coincide con el canto de los gallos

y se ahoga en el ámbito de los pactos.

¿Se referirá acaso a tanta gente que ahora vive del pacto taimado y la promesa incumplida? ¿A gente cuya conducta no vale mencionar aquí? Si es así, el poeta hace lo correcto, los pactadores de oficio no tienen cabida en este ámbito y, fiel a sus principios, cumple con denunciarlos y de paso, los envía al título de uno de sus libros: El pozo de la historia.

Quisiera decir muchas otras cosas sobre este libro de mi hermano, pero prefiero que sean otros lectores quienes hagan tantos descubrimientos como los he hecho yo y que se atrevan, después de leerlo, a seguir sus “caminos con corazón” y se sumen al grupo de quienes quieran ser “la mala conciencia de su tiempo”.

Ya para finalizar debo decir que el último poema de A la sombra de los destellos está dedicado a mí y que, aunque las imágenes allí expresadas me conmovieron en lo más hondo, no lo voy a comentar. La razón es una sola: como producto de nuestro profundo amor fraternal es una historia que sólo a nosotros concierne. Si peco de egoísta sólo me queda esperar la dispensa y la comprensión del lector.

 Alberto Amengual

"EL POETA: UNA PERSONA DOBLEGADA", por Alexis Romero. Sobre "Fosa Común" de Miguel Marcotrigiano.

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Miguel Marcotrigiano, en la Librería El Buscón de Caracas, antes de la presentación del poemario “Fosa Común” el 22 de abril de 2015.

Toda palabra aspira secretamente a ser oración, alabanza, danza, cuerpo, desierto. Oímos la oración, danzamos o vemos danzar, amamos la fragilidad del cuerpo y damos la bienvenida a la conmoción del desierto donde ocurre el lenguaje sólo cuando nos convertimos en conversadores, habitantes de una comunidad que no renuncia al asombro de lo simple, que vive siendo reservorio del sagrado golpe del misterio.

El poeta es una persona común, como la hierba, maravillosamente doblegada y convertida en acueducto para que ocurra la aspiración de la palabra. Una persona doblegada para que converse con la comunidad de los doblegados.

El poema es un resto de oración, un resto de gracia, un resto de agradecimiento. Su hechura contempla una tragedia necesaria: la muerte del olvido para que ocurra el nosotros, la comunidad, la tradición, la memoria. Nadie lo escribe solo. Lo acompaña una civilización de doblegados por el asombro: los siervos del verbo donde duerme y despierta la belleza. Tal es la fe legada por el Génesis: todo se crea acompañado. Hasta en la soledad, que es la delicada relación con los agujeros del misterio, se entra acompañado. Cuando no, sucede la desgracia, la enfermedad. Cuando una palabra se enferma, enferma a la humanidad, llena de extinciones a la memoria.

Fosa común es la celebración de lo ajeno en nosotros. Es la voz decantada de los vínculos del poeta. Se ha visto cómo lo ajeno late en lo que somos; se ha elegido agradecerlo, comunicarlo, compartirlo, para que los poemas sean las obras inacabadas del vínculo. Así, el desnudo formal nombra a los creadores de herencias y legados. Y esto dota de inocencia y polisemia a los hilos semánticos y rítmicos de cada poema. Muere el artificio, la careta. Vive la técnica, el rostro de lo singular. Alguien nos dice: no llegué sólo, vine acompañado de lo ajeno.

Miguel Marcotrigiano confirma con Fosa común, lo que siempre hemos visto y admirado en sus poemas: la agradecida voluntad por la poesía; el oído atento; la depuración del ritmo; el uso espiritual de los verbos; el nombramiento honesto de sus sombras…

Un libro que nos calma con su raíz: hemos y seremos ajenos. Aquí descansa la gran fuente de la creación y recreación de la belleza. De aquí bebe el cuerpo; aquí viene y reclama el espíritu.

Alexis Romero
[Epílogo a la edición del poemario “Fosa Común”]

Poeta Alexis Romero. Reconocido crítico y escritor venezolano.
Poeta Alexis Romero. Reconocido crítico y escritor venezolano.